La inestabilidad emocional

¡Ay! Mi encuentro con la inestabilidad emocional ha sido curioso. Un buen día, encuentro un libro con este mismo título y lo compro llena de curiosidad. Me habla de la inestabilidad emocional como del síntoma principal de lo que denominamos «trastorno límite de la personalidad». En aquel momento, conocía el término técnico pero no mucho la enfermedad que hay detrás de él.

Meses después, una compañera me pide que la supervise en el caso de una persona que tenía este diagnóstico y yo misma recibo la llamada de una persona que lo sufría, pero que había sido medicada y tratada durante diez años por una cosa absolutamente diferente. Me doy cuenta que la inestabilidad emocional conduce al caos a las personas que la sufren, puesto que experimentan un vaivén imparable en sus vidas. No saben qué les pasa pero sí saben que no van bien. Tienen altibajos en su experiencia vital –un trabajo tras otro, por ejemplo-, en sus relaciones -ahora estoy con una persona y, de pronto, me decepciona irremediablemente- y, sobre todo, en lo que tiene que ver con ellas mismas -ahora me encuentro bien, ahora casi quiero dejarlo todo-. Imagínense una sensación similar a la de ir en un barco (y no ser un marinero)…: un mareo constante (al que tal vez llegas a acostumbrarte), pero que, de momento te produce vómitos irrefrenables.

Lo que he podido ver es que para el tratamiento de esta inestabilidad emocional hacen falta dos cosas: mucha planificación -organización-, pragmatismo y trabajar lo más profundo de las emociones. Esto da un punto de partida para una vida más estable.

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