La desesperanza de los padres

Cada vez llegan más padres a la consulta. Padres de niños pequeños y de adolescentes que, literalmente, NO SABEN QUÉ HACER CON SUS HIJOS. Los encuentro desesperanzados y con un sentimiento horrible de «debería saber más» y, por lo tanto, «soy el culpable de no poder hacerlo mejor». Una buena madre me decía que ahora queremos controlarlo todo, protegerlos de todo, cuando tendríamos que hacernos cargo de que nuestras madres criaban no sólo a uno, sino a tres y cuatro hijos sin abrir boca. ¿Qué hace que seamos unos padres más inseguros? Y, lo peor, ¿qué hace que esta función se nos vaya de las manos?

Creo que hemos ido a los extremos. Hemos pasado del autoritarismo (que ya se ha demostrado que no es del todo efectivo) al “laissez faire”, es decir, a dejar hacer sin límites, ni directrices. De hecho, en esta carrera de ser padres al estilo «dejar hacer», nos han apoyado algunos pedagogos y psicólogos. Pero la manera de educar no puede ser ésta porque los niños necesitan una guía, nos necesitan como punto educativo básico en sus vidas y está claro que por muy atareados que estemos esto no se lo podemos dejar a la escuela, que ya va suficientemente agobiada. Debemos ser padres democráticos, pero a sabiendas de cómo educar positivamente -reforzando lo bueno que tienen nuestros niños- y poniendo límites -sobre cuanto no se les puede permitir-. Si no lo hacemos así, se llegan a escuchar historias terribles sobre niños dictadores, niños que adelantan su adolescencia hasta llegar a tocar fondo a los 12-13 años (y cuando digo tocar fondo, quiero decir sumergirse profundamente en un mundo que no deberían conocer en toda una vida), etc.

No obstante, quiero decirles a los padres desesperanzados que para casi todo hay una solución y que disponemos de herramientas muy positivas que los pueden ayudar.

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